Ansiedad o estrés: ¿en qué se diferencian y cómo reconocer cada uno?

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“Últimamente estoy muy estresado.” “Creo que tengo ansiedad.”

Son frases que escuchamos con mucha frecuencia en consulta y que también forman parte de las conversaciones del día a día. Sin embargo, aunque solemos utilizar ambos términos como si fueran sinónimos, el estrés y la ansiedad no son lo mismo.

Es cierto que comparten algunos síntomas y que, en ocasiones, uno puede dar lugar al otro. Pero entender qué los diferencia puede ayudarnos a comprender mejor lo que nos está ocurriendo y, sobre todo, a saber cuándo es el momento de pedir ayuda.

¿Qué es el estrés?

El estrés es una respuesta natural de nuestro organismo. Lejos de ser un enemigo, tiene una función muy importante: prepararnos para afrontar situaciones que requieren un esfuerzo físico o mental.

Gracias al estrés podemos reaccionar con rapidez, concentrarnos más o responder mejor ante determinados retos. Por ejemplo, antes de un examen, una entrevista de trabajo o una presentación importante es normal sentir cierta tensión. Esa activación, en dosis moderadas, incluso puede ayudarnos a rendir mejor.

El problema aparece cuando esa situación se prolonga demasiado o las exigencias superan nuestra capacidad para hacerles frente.

Puede ocurrir por muchos motivos:

  • Una carga excesiva de trabajo.
  • Problemas económicos.
  • Conflictos familiares o de pareja.
  • El cuidado de un familiar dependiente.
  • Una enfermedad.
  • Cambios importantes en nuestra vida, aunque sean positivos, como una mudanza o el nacimiento de un hijo.

Cuando vivimos bajo esa presión durante mucho tiempo, nuestro cuerpo y nuestra mente empiezan a pasar factura.

¿Cómo suele manifestarse el estrés?

Cada persona lo vive de una forma diferente, pero algunos de los síntomas más habituales son:

  • Sensación de estar desbordado.
  • Irritabilidad o cambios de humor.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Tensión muscular.
  • Dolores de cabeza.
  • Problemas digestivos.
  • Cansancio constante.
  • Alteraciones del sueño.

Una característica importante del estrés es que normalmente sabemos qué lo está provocando. Existe

una causa concreta que podemos identificar con relativa facilidad.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad también es una respuesta normal y necesaria. De hecho, todos sentimos ansiedad en determinados momentos de nuestra vida.

Nos ayuda a anticiparnos a posibles peligros y a protegernos cuando existe una amenaza real.

Sin embargo, el problema aparece cuando esa alarma permanece encendida incluso cuando ya no existe un peligro o cuando reacciona con una intensidad mucho mayor de la necesaria.

Es como si nuestro cerebro interpretara continuamente que algo malo está a punto de ocurrir, aunque objetivamente no sea así.

En consulta solemos escuchar frases como:

“No sé qué me pasa, pero siento que siempre estoy en tensión.”

“Todo el tiempo estoy pensando que va a ocurrir algo malo.”

“No consigo desconectar, ni siquiera cuando todo está bien.”

La ansiedad no siempre necesita un desencadenante claro. A veces aparece incluso en momentos en los que, aparentemente, todo marcha bien.

Síntomas frecuentes de la ansiedad

Entre los síntomas más habituales encontramos:

  • Palpitaciones.
  • Sensación de falta de aire.
  • Opresión en el pecho.
  • Mareos.
  • Temblor.
  • Sudoración.
  • Inquietud constante.
  • Dificultad para relajarse.
  • Pensamientos repetitivos.
  • Preocupaciones excesivas.
  • Miedo a perder el control o a que ocurra algo grave.

En algunas personas pueden aparecer crisis de ansiedad o ataques de pánico, que generan una intensa sensación de peligro aunque realmente no exista ninguna amenaza.

Entonces… ¿cuál es la diferencia?

Una forma sencilla de entenderlo es la siguiente:

El estrés suele estar relacionado con lo que está ocurriendo en este momento.

Tenemos demasiadas responsabilidades, sentimos que no llegamos a todo o vivimos una situación especialmente exigente.

La ansiedad, en cambio, suele estar relacionada con lo que creemos que puede ocurrir.

Nuestra mente empieza a anticipar problemas, imaginar escenarios negativos o mantenerse constantemente en estado de alerta, incluso cuando no hay un motivo real para ello.

Otra diferencia importante es que el estrés suele disminuir cuando desaparece la situación que lo provoca.

La ansiedad, sin embargo, puede mantenerse durante semanas, meses o incluso años si no aprendemos a gestionarla adecuadamente.

¿Puede el estrés convertirse en ansiedad?

Sí, y ocurre con bastante frecuencia.

Imaginemos a una persona que lleva meses soportando una enorme presión en el trabajo. Al principio solo se siente cansada y sobrecargada. Sin embargo, poco a poco empieza a preocuparse constantemente, duerme peor, le cuesta desconectar y comienza a anticipar problemas incluso durante los fines de semana o las vacaciones.

En ese momento ya no solo está viviendo una situación de estrés: la ansiedad ha empezado a ocupar un espacio importante en su vida.

Por eso es tan importante no normalizar un malestar que se mantiene durante demasiado tiempo.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Todos podemos atravesar épocas difíciles.

No es necesario acudir al psicólogo por sentir estrés antes de un examen o por estar preocupado unos días tras un problema concreto.

Sin embargo, sí es recomendable buscar ayuda cuando:

  • El malestar dura varias semanas.
  • Sientes que cada vez te cuesta más desconectar.
  • Tu descanso ya no es reparador.
  • Has dejado de disfrutar de actividades que antes te gustaban.
  • Las preocupaciones ocupan gran parte de tu día.
  • Tu trabajo, tu vida familiar o tus relaciones empiezan a verse afectadas.
  • Evitas situaciones por miedo o inseguridad.
  • Has sufrido una o varias crisis de ansiedad.

Pedir ayuda a tiempo suele hacer que la recuperación sea más rápida y evita que el problema termine afectando a otras áreas de la vida.

¿Cómo puede ayudarte la terapia psicológica?

Muchas personas piensan que acudir al psicólogo consiste únicamente en hablar de lo que les preocupa.

La realidad es que la terapia va mucho más allá.

En primer lugar, tratamos de comprender qué está ocurriendo y qué factores están manteniendo ese malestar. A partir de ahí, trabajamos de forma conjunta para desarrollar estrategias que permitan recuperar el equilibrio emocional y afrontar las dificultades con mayor seguridad.

Cada persona es diferente y, por tanto, cada tratamiento también lo es. No existen soluciones universales, pero sí herramientas eficaces que han demostrado científicamente su utilidad para abordar los problemas de estrés y ansiedad.

En definitiva…

El estrés y la ansiedad forman parte de la vida y, en determinadas circunstancias, son respuestas completamente normales. No debemos verlas como un enemigo, sino como señales que nuestro organismo utiliza para indicarnos que algo necesita atención.

El problema aparece cuando esas señales dejan de ser puntuales y empiezan a acompañarnos cada día, limitando nuestra capacidad para disfrutar, descansar, trabajar o relacionarnos con los demás.

Reconocer lo que nos está ocurriendo es el primer paso para empezar a sentirnos mejor. Y, aunque a veces cueste dar ese paso, pedir ayuda a tiempo puede marcar una gran diferencia.

Si al leer este artículo te has sentido identificado con alguna de estas situaciones, queremos que sepas que no tienes por qué afrontarlas solo.

En PsicoJaén podemos ayudarte. Nuestro equipo de psicólogos te acompañará desde la cercanía, el respeto y una intervención basada en la evidencia científica para comprender qué te ocurre y encontrar las herramientas que te permitan recuperar tu bienestar.En PsicoJaén, te escuchamos.