¿Por qué la ansiedad provoca síntomas físicos como palpitaciones, mareos u opresión en el pecho?

“Me han hecho un electrocardiograma, análisis e incluso una radiografía… y me dicen que está todo bien. Entonces, ¿por qué sigo encontrándome tan mal?”

Esta es una de las preguntas que más escuchamos en consulta.

Muchas personas llegan preocupadas porque sienten palpitaciones, mareos, falta de aire, opresión en el pecho o un nudo constante en el estómago. Han acudido a diferentes especialistas y las pruebas médicas no muestran ninguna enfermedad que explique esos síntomas.

En ese momento aparece una mezcla de alivio y confusión. Por un lado, saber que no existe una enfermedad grave tranquiliza. Pero, por otro, surge una nueva duda:“Si todo está bien, ¿por qué mi cuerpo reacciona así?” La respuesta está en comprender cómo funciona la ansiedad.

La ansiedad no está “solo en la cabeza”

Existe una idea equivocada muy extendida: pensar que la ansiedad es únicamente una preocupación o un problema psicológico.

En realidad, la ansiedad afecta a todo el organismo.

Nuestro cerebro y nuestro cuerpo están conectados de forma constante. Cuando el cerebro interpreta que existe una amenaza, aunque esta no sea un peligro físico real, pone en marcha un mecanismo automático diseñado para protegernos.

Es el mismo sistema que permitió sobrevivir a nuestros antepasados cuando tenían que escapar de un depredador o enfrentarse a un peligro. El problema es que hoy ese sistema puede activarse por motivos muy diferentes: una preocupación constante, una acumulación de estrés, una situación emocional difícil o incluso el miedo a que aparezcan los propios síntomas.

¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando aparece la ansiedad?

Cuando el cerebro detecta una amenaza, activa el llamado sistema nervioso simpático, encargado de preparar al organismo para responder rápidamente.

En cuestión de segundos comienzan a producirse numerosos cambios:

  • El corazón late más deprisa.
  • La respiración se acelera.
  • Los músculos se tensan.
  • Aumenta la sudoración.
  • Se libera adrenalina y otras hormonas del estrés.
  • La sangre se dirige hacia los músculos más importantes para favorecer una posible respuesta de lucha o huida.

Todo esto ocurre de manera automática. No podemos evitarlo simplemente con fuerza de voluntad.

Y, aunque resulte incómodo, no significa que nuestro cuerpo esté funcionando mal. Significa que está reaccionando como si hubiera un peligro, aunque ese peligro no exista realmente.

¿Por qué aparecen las palpitaciones?

Las palpitaciones son, probablemente, uno de los síntomas que más asustan.

Muchas personas piensan inmediatamente que están sufriendo un problema cardíaco.

Sin embargo, durante un episodio de ansiedad el corazón acelera su ritmo porque intenta enviar más sangre y oxígeno a los músculos.

Es exactamente la misma respuesta que tendría si estuviéramos corriendo para coger un autobús o subiendo varias plantas por las escaleras.

La diferencia es que, en este caso, el esfuerzo físico no existe y por eso esa aceleración resulta tan llamativa.

Cuando las pruebas médicas descartan una enfermedad cardíaca, esas palpitaciones suelen formar parte de la respuesta normal del organismo ante la ansiedad.

¿Por qué sentimos mareo o sensación de inestabilidad?

Otro síntoma muy frecuente es el mareo.

Muchas personas describen una sensación de inestabilidad, como si fueran a desmayarse.

Curiosamente, durante una crisis de ansiedad es muy poco frecuente llegar a perder el conocimiento.

Entonces, ¿por qué aparece esa sensación?

Uno de los motivos es que tendemos a respirar más rápido de lo necesario.

Esa respiración acelerada modifica el equilibrio entre el oxígeno y el dióxido de carbono en la sangre y puede provocar:

  • Sensación de mareo.
  • Hormigueo en manos o labios.
  • Visión borrosa.
  • Sensación de irrealidad.
  • Inestabilidad.

Estos síntomas son muy desagradables, pero no suelen ser peligrosos.

¿Y la opresión en el pecho?

La sensación de presión o de peso en el pecho suele generar mucha preocupación porque puede recordar a los síntomas de un problema cardíaco.

En la ansiedad suele deberse, principalmente, a dos factores:

Por un lado, los músculos del tórax permanecen tensos durante mucho tiempo. Por otro, la respiración se vuelve más superficial y rápida.

La combinación de ambos factores puede producir esa sensación de que cuesta respirar profundamente o de que “falta el aire”.

Aunque resulte muy angustioso, no significa necesariamente que exista un problema en los pulmones o en el corazón.

Otros síntomas físicos muy habituales

La ansiedad puede manifestarse de muchas formas diferentes. Algunas personas apenas notan síntomas físicos y otras experimentan varios al mismo tiempo.

Entre los más frecuentes encontramos:

  • Tensión muscular.
  • Dolor de cuello o espalda.
  • Temblor.
  • Sudoración.
  • Molestias digestivas.
  • Náuseas.
  • Sensación de nudo en la garganta.
  • Hormigueos.
  • Fatiga.
  • Dificultad para dormir.

Todos ellos tienen una explicación fisiológica relacionada con la activación del organismo.

El miedo a los síntomas puede mantener la ansiedad

Aquí aparece un círculo que vemos con mucha frecuencia en consulta. La persona nota una palpitación.

Piensa: ”¿Y si me está dando un infarto?”

Ese pensamiento aumenta el miedo.

El miedo activa todavía más el organismo. El corazón late con más fuerza.

La persona presta aún más atención a su cuerpo. Y los síntomas aumentan.

Sin darse cuenta, se ha creado un círculo en el que la ansiedad alimenta los síntomas físicos y los síntomas físicos alimentan la ansiedad.

Romper ese círculo suele ser uno de los objetivos principales del tratamiento psicológico.

¿Significa esto que “todo está en mi cabeza”?

En absoluto.

Los síntomas son reales. Las palpitaciones son reales. La tensión muscular es real. El mareo es real.

La sensación de opresión también lo es.

Lo que ocurre es que el origen de esos síntomas no siempre es una enfermedad física, sino la forma en la que nuestro sistema nervioso está respondiendo a una situación de amenaza.

Comprender esto suele ser el primer paso para dejar de temer a los propios síntomas y empezar a recuperar la sensación de control.

¿Cuándo conviene consultar?

Siempre que aparezcan síntomas físicos intensos por primera vez es importante que sean valorados por un profesional médico para descartar otras causas.

Una vez descartada una enfermedad orgánica, si esos síntomas continúan apareciendo o están limitando tu vida, es recomendable acudir a un psicólogo.

La ansiedad tiene tratamiento y, con la ayuda adecuada, es posible aprender a comprenderla, manejarla y reducir su impacto hasta recuperar la tranquilidad.

Conclusión

La ansiedad no solo afecta a nuestra mente; también se manifiesta a través del cuerpo. Por eso puede provocar palpitaciones, mareos, opresión en el pecho, sensación de falta de aire, tensión muscular o molestias digestivas.

Aunque estos síntomas pueden resultar muy intensos y generar mucho miedo, en muchas ocasiones forman parte de la respuesta natural de nuestro organismo ante una situación que interpreta como amenazante.

Entender qué está ocurriendo no hace que los síntomas desaparezcan de inmediato, pero sí ayuda a dejar de interpretarlos como una señal de peligro constante. Y ese cambio suele ser el primer paso para romper el círculo de la ansiedad.

Si al leer este artículo has reconocido algunos de estos síntomas o sientes que la ansiedad está condicionando tu día a día, queremos que sepas que no tienes por qué afrontarlo solo.

En PsicoJaén podemos ayudarte. Nuestro equipo de psicólogos te acompañará para comprender qué está ocurriendo, recuperar la confianza en tu cuerpo y aprender herramientas eficaces para volver a vivir con tranquilidad.

En PsicoJaén, te escuchamos.